alucinacion de Balhok

02. El yugo de Kalhamos (2a parte)

Mientras, en la prisión de piedra, Balhok estaba a punto de ser sometido a un nuevo yugo.

La invocación a Kalhamos era uno de los hechizos más terribles de realizar para los miembros de la orden. Para los aprendices, era la máxima expresión de conocimiento que podían recibir. Y no todos ellos lo conseguían. El costo de su realización se cobraba un altísimo precio, como cualquier otro tipo de magia, pero Xysten sabía muy bien que el precio que él debería pagar para satisfacer a su ambicioso líder, era mucho más alto aún.

Echó un rápido vistazo sobre cada uno de los monjes que meditaban sobre el circulo de invocación que había grabado en la piedra. Un total de ocho monjes participaban en el ritual, cada uno de los cuales realizaba su propio conjuro. La fuerza conjunta de sus hechizos, conferiría a Xysten el poder suficiente para invocar a Kalhamos y someter así al prisionero. Todos estaban preparados. Xysten se ubicó en el centro del círculo, cerró los ojos y respiró profundamente. Empezó a elevar los brazos lentamente, con las palmas hacia arriba a medida que las voces del resto de los monjes pasaban de ser un mero susurro a hacerse paulatinamente más sonoras.

Xystar invocando a Kalhamor

A medida que el poder que le cedían los monjes se hacía más y más fuerte, Xysten empezó a recitar el cántico de su propio hechizo y, como tantas otras veces, sintió cómo la magia recorría la totalidad de su ser, cómo cada uno de los tatuajes de su cuerpo relacionados con el hechizo, reclamaban poder de su propia carne, quemandole y lacerando su piel. Alzó lentamente los brazos extendidos al tiempo que los cánticos se hacían más y más frenéticos. Una violenta corriente mágica giraba alrededor de los monjes agitando con fiereza sus largas túnicas en una espiral ascendente, mientras los símbolos y runas del círculo de invocación se volvían incandescentes. Mientras, Xysten repetía una y otra vez las palabras que encendían su cuerpo, hasta que se produjo el contacto con el poder oscuro de Kalhamos y éste sometió nuevamente su yugo sobre el Balhok.

Mientras, en la celda. con su vista perdida en la oscuridad, el prisionero empezó a sudar profusamente a pesar del frío, del hambre y de su debilidad. Su cuerpo temblaba, retorciéndose en el húmedo suelo, preso de una fiebre que devoraba su cuerpo y su resistencia física, mientras su mente volvía a ser subyugada por Kalhamos, el poder oscuro de la orden bajo la atenta mirada de Xysten, al que podía sentir, a pesar de que éste no formara parte de sus provocadas alucinaciones.

En su mente, Balhok, caminaba por un territorio desconocido, de aspecto extra terreno y vaporoso, de un tono rojizo volcánico y una atmósfera opresiva. Tenía mucha sed, una sed devastadora. Caminaba desorientado y sin pertenencia alguna. Echaba en falta su cayado, tampoco disponía de ninguna de sus habituales armas y algo le ocurría a su habitual destreza mental.  No sabía qué hacía allí, no sabía dónde se encontraba ni por qué… pero seguía sintiendo esa sutil presencia que nada tenía que ver con todo aquello que le rodeaba… el paisaje cambiaba con celeridad tan rápido como su atención se fijaba en cualquiera de las intrascendentes imágenes que aparecían.

Desde el circulo de invocación, Xysten conducía el ritual, aunque una vez establecido el yugo, ya no podía intervenir. El mago estaba ahora en manos de Kalhamos y hacia dónde lo condujera, era algo a lo que él ya no tenía acceso. Decidió así, disociar su cuerpo de su mente para que ésta pudiera presenciar, como tantas otras veces había hecho, lo que ocurría en la mazmorra con el cuerpo yacente de Balhok. Mientras, los monjes continuaban con el ritual, ya que nadie podía abandonar el circulo de invocación hasta que el yugo hubiera concluido.  El desplazamiento mental de Xysten, fue rápido. En un abrir y cerrar de ojos su conciencia se había desplazado al interior de la mazmorra donde se encontraba el mago. En su nueva forma incorpórea, echó un vistazo al prisionero.

Balhok estaba tendido de costado, sufriendo un enorme tormento físico, pero sus ojos… le inquietaban. No tenía la mirada de un hombre derrotado. De pronto, cómo si el prisionero sintiera su presencia, sus ojos se enfocaron en en un punto en el vacío que coincidía con la posición de los ojos del monje. Fue un movimiento rápido, instintivo, que pasó velozmente para volver a desenfocarse en la penumbra de forma casi instantánea, pero Xysten no pudo evitar sentir que aquella fugaz mirada del mago no había tenido nada de casual, lo que le produjo un estremecimiento. Lo observó de nuevo y ya volvía a presentar esa profunda e inescrutable mirada perdida de la que Xysten siempre había opinado que, a pesar de su soberbia actuación, ocultaba algo de vital importancia.

Mientras, Balhok continuaba en su eterno deambular por aquel interminable paisaje del averno, castigado por la sed, el agotamiento y la desesperación. No había salida alguna, no había forma de escapar. Ya había recorrido cada una de las miles de posibilidades presentes en cada una de sus alucinaciones durante lo que a él le parecía una eternidad y sabía que no había forma de salir de ahí, si no era cediendo su poder. La pesadumbre se apoderó de él y por un momento flaquearon sus fuerzas haciéndole doblar sus piernas al tiempo que exhalaba, en un desgarrador grito lleno de impotencia, todo su desaliento y frustración.

De pronto, algo atrajo su atención. Un ligero temblor empezó a recorrer sus piernas, mientras se abría una grieta bajo sus propios pies. Se puso en pie de un salto, siguiendo con atenta mirada como la grieta se hacía velozmente  más larga, al tiempo que se ensanchaba. Mientras trataba de mantener el equilibrio, el terreno empezó a sufrir fuertes sacudidas y temblores debido a la ruptura, mientras él reptaba para salir del radio de acción de la misma.  Trataba de aferrarse a algo que impidiera que la grieta lo engullera, pero no había nada a su alcance que le sirviera a tal efecto, salvo un enorme roble aposentado sobre una no menos excepcional roca. Mientras se desgarraba los dedos arañando el rugoso suelo, en un desesperado intento asirse  a cualquier cosa, vio que no había modo de alcanzar las ramas, que se alzaban demasiado altas. Cuando, de pronto,  se fijó en que unas grandes raíces surgían bajo la enorme roca, cómo si éstas la hubieran podido atravesar. Tanto las ramas como las raíces, parecían tener vida propia y venir hacia él con oscuros propósitos y peor pronóstico pero, de pronto, observó que mientras la mayoría de las gruesas raíces se agitaban en una dramática y amenazante danza, una de ellas se había tendido hacia él de forma suave, como invitándolo a asirse a ella. Consiguió, tras no pocos esfuerzos, aferrarse a la nudosa raíz cuando a punto estaba de ser engullido por el abismo. Mientras su cuerpo se agitaba tratando de trepar, aferrado aun a la raíz que lo sostenía, consiguió echar un furtivo vistazo hacia el fondo que le dejó totalmente hipnotizado ante lo que vió, mientras la raíz del enorme roble rojizo empezó moverse lentamente, arrastrando su dolorido y exhausto cuerpo fuera de la grieta.  No tuvo tiempo de relajarse, pues el resto de raíces y ramas, seguían agitándose grotescamente tratando de alcanzarle, por lo que tuvo que hacer un último esfuerzo y esquivar con rápidos movimientos y acrobacias, los últimos metros que le pondrían fuera del alcance del misterioso y contradictorio roble.

Una vez a salvo, jadeante, miro extrañado a su peculiar socio y le brindó una discreta pero respetuosa reverencia. -“Xakkar, ihx nemmeh”- le susurró. -“Gracias por tu ayuda”. Pero entonces, en un destelló de lucidez, comprendió el significado de aquella escena: todo aquello no había sido más que un juego de mentiras y contradicciones que formaban parte de su mente y del mismo yugo y que algo, aunque no sabía qué ni cómo, había penetrado las defensas de la oscuridad, para llevarle un mensaje. Y tras esa breve dilucidación, sin pensarlo más, con un rápido movimiento y eludiendo habilmente ramas y raíces,  saltó hacia el abismo.

                                              *                        *                       *

Oscuridad y espesa negrura. No hay nada, no hay tiempo. Sólo una brizna de conciencia que abre los ojos.  Tan sólo una imagen: una larga caída que no parece tener fin y de la que, no obstante, despierta con plena conciencia en su castigado e inconsciente cuerpo, allí en la oscura mazmorra.

¿Había realmente ocurrido? No sabía muy bien cómo podía haberle llegado aquella información a través del yugo, aquello que observó en su fugaz vistazo a la grieta. Tal vez, aunque aquello fuese harto improbable dadas sus antiguas desavenencias, los cuatro magos se hubieran reunido  y, desplegando la poderosa magia que juntos podían convocar,  le habían hecho llegar un mensaje a través de las tinieblas de su encierro: ¡la grieta entre los mundos se había abierto!  y él, contra todo pronóstico, también había conseguido pasar a través de ella, en su inesperado salto al abismo, siendo así liberado del poderoso influjo del Yugo del mal.

No obstante la revelación, el torrente de emociones sufrido no sólo en ese nuevo episodio, sino en todos y cada uno de los tormentos por los que le habían hecho pasar, le tenían a punto de desfallecer, de claudicar ante sus captores. Pero sabía que debía resistir lo que fuese necesario. No podía dejar entrever ni por un instante que volvía a ser dueño de su cordura y que era consciente de la revelación que acababa de atestiguar. Debía mantener esa información a buen recaudo y tratar de salir de ahí, aunque aún no supiera cómo.

No le había resultado fácil resistir durante todo ese tiempo en el que había perdido la cuenta del paso de las lunas, a pesar de su  preparación y de sus muchas vidas de hombre de poder recabando su magia y conocimiento. De hecho estuvo a punto de sucumbir en más de una ocasión pero, gracias a su ancestral conocimiento y dominio de la mente, encontró en las tinieblas un reducto oculto y oscuro en el que pudo hallar refugio al constante tormento mental y físico, para no perderse para siempre en la oscuridad. Desde ahí, se limitó a resistir, mientras mantenía el convencimiento de sus captores de que era ya presa de la oscuridad. A todos menos al joven y avispado monje.

                                               *                      *                      *

Pero una vez de vuelta a la realidad de la fría mazmorra, ante la atenta y escrutadora mirada de Xysten, la consciencia de Balhok regresó a su cuerpo, con la vista perdida en la oscuridad de su encierro y los labios entreabiertos, mientras su agitada respiración recobraba la compostura. Creía recordar a través del velo de su toma de conciencia física, haber percibido algo de vital importancia por un breve e inapreciable instante, algo que le había devuelto la razón y el dominio de sí mismo. Algo tan importante debía din duda ser ocultado a sus captores, pero sobre todo al omnipresente Xysten. Sabía que el joven desconfiaba de su aparente estado, pero también percibía un gran temor en él. Un temor generado por su gran ambición, que le volvía sumamente inestable. Estaba convencido de que, llegado el momento, esa circunstancia podría llegar a serle de ayuda…

Mientras pensaba todo esto, aun en la inconsciencia, una de las manos de Xysten apresó su rostro y le sacudió la cara para tratar de  despejarlo. Cuando al parecer lo consiguió, le miró profundamente a los ojos, como tratando de averiguar lo que había visto, y entonces Balhok supo que debería dar lo mejor de sí mismo en aquel encuentro.  Simuló nuevamente su extravío, pero Xysten, sacudiendole nuevamente el rostro le obligó a fijar su mirada en la de él. Cuando sus ojos se encontraron, ambos se reconocieron sin barreras en la absoluta profundidad de sus miradas.

Balhok confirmó en la mirada del monje, sus sospechas acerca de las dudas de éste sobre su estado de subyugación a Kalhamos, pero además escudriñó más profundamente un temor reciente y claras dudas sobre su inmediato futuro, lo cuál no sorprendió en demasía al mago, ya que era muy consciente de que si el yugo fracasaba, como así había sido en realidad,  le acarrearía serios problemas al monje.

Xysten por su parte, comprobó que el mago no estaba ni mucho menos vencido, y que escondía algún tipo información vital para él y los suyos. Pensaba en cómo podría sacar partido de esa información si tuviera la más mínima posibilidad de alcanzarla, pero sabia que si el mago estaba en plenas facultades mentales, nadie de la orden, ni siquiera el sumo sacerdote, podría sonsacarle dicha información. Lo valoró todo rápidamente y concluyó que el mago se había convertido en ese mismo instante, en su mejor baza y único aliado para escapar de allí. Ambos se necesitaban, y Xysten era lo suficientemente inteligente como para no desaprovechar sus oportunidades.

No hubo ni una sola palabra en aquel fugaz encuentro. No fue necesario. Xysten se incorporó, y con paso decidido, tomó rumbo a la salida para detenerse bruscamente  en cuanto hubo cruzado el umbral, durante un breve instante, sin darse la vuelta y sin mediar palabra…

-“Estaré preparado”-  intervino rápidamente Balhok con voz ronca y una pizca de cinismo ante la silenciosa duda que había desvelado el monje tras su brusca detención. No permitiría que un aprendiz, por muy adelantado que fuera, pusiera en duda sus capacidades. Dicho ésto, el monje se alejó silenciosamente.


“He regresado” Balhok

Una vez sólo en la celda, Balhok suspiró profundamente, aliviado por el nuevo giro que habían tomado los acontecimientos, aunque en el fondo temía que lo peor aún estaba por llegar. Sólo pensar en ello, y tras evaluar rápidamente su actual estado físico, decidió desplomarse abatido contra el húmedo y frío suelo de roca. Sentía que, mientras aún pudiera, debía descansar y recobrar sus fuerzas. Aunque no sin antes invocar un pequeño  hechizo reparador…

“IJ JRIEM NAW-ERIG SHALL , IJ JRIEM ERZTHARAM SKHÜLL, IHT GOTZARATH NEM”   Que la magia me sirva, como yo la sirvo a ella, ahora y hasta el último de mis días.

Balhok

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Publicado por

Blanca Rios Martín

Desde siempre he sido una persona curiosa, inquieta y autodidacta. He estudiado ciencias de la salud diversas, vinculadas a la psicología y a la nutrición. Me fascinan la fotografía, la artesanía, las setas y la gastronomía. Me encanta leer y, sobre todo, escribir.

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