Carta a un@ amig@ - Abismática

Carta a un@ amig@

¿Qué tal va todo? Espero que bien. Hace ya tiempo que te dije que te iba a escribir, pero la verdad es que, como muchas otras cosas, con el tiempo he perdido aquella chispa creativa que tenía y me cuesta más expresarme. Lo he intentado en más de una ocasión, pero al final me frenaba el pensamiento de que ¿para qué cambiar un buen recuerdo por noticias que no pueden superarlo? No quería cambiar ese recuerdo que tienes de mí.

Pero necesito hablarte. Necesito de ti. No sé si es una racha gris o si algo ha cambiado tanto en mi interior como para volverme todo lo contrario de lo que tú conociste. A veces creo que la vida es una broma cósmica, que se ríe de nosotros y de nuestros infructuosos esfuerzos por ser mejores personas. Y otras veces pienso que todos los obstáculos, las dificultades y las penalidades, son parte del aprendizaje que requerimos para llegar a superarnos. ¡Tremenda contrariedad!

He tenido vislumbres de realidad en todo este tiempo, que me apartan cada vez mas de lo cotidiano y de ti, y mientras mi alma se afana en alcanzar cada vez con más frecuencia esos vislumbres, mi ego se siente cada vez más confuso, vulnerable y apartado de todo y de todos. He dejado de sentirme cómoda entre la gente, (eso te resultará familiar) y la rehuyo cada vez más, lo cual me preocupa porque me gano la vida atendiéndola. Y lo cotidiano a la vez me engulle, y me deja tan exhausta que, cuando tengo tiempo para mí, solo quiero estar sola y rodearme de naturaleza y de silencio. Pero este aparente equilibrio se desmorona, porque mi lado espiritual se siente insatisfecho y mi lado social cada vez está más “des-socializado”, con lo que existe una ruptura en mí, que no se como entretejer de nuevo.

Desde fuera, todo es distinto, la gente me ve sociable, empática y conciliadora. Pero por dentro soy un océano de desconfianza, de desesperanza y de pensamientos incapacitantes. ¡Y lo peor de todo es que soy muy consciente de a dónde llevan esos pensamientos y eso me aterra! ¡No quiero perderme en ese lodazal!

Mis últimos años no han sido fáciles. Pero lo que más apesadumbrada me hace sentir no son las dificultades en sí, sino mi respuesta hacia ellas. Siento como me voy entregando al desánimo lentamente, alimentado por fracasos, desengaños y una soledad, más espiritual que física, que parece engullirme inexorablemente. Lo peor de todo es dejar de creer en una misma. Olvidarse de lo que una ha ido logrando con esfuerzo, perseverancia y dedicación es duro, pero creer que ya se ha llegado al límite de las posibilidades es todavía peor. Dicen que lo que uno da a la existencia, siempre le regresa con creces… así que tal vez me he estado engañando durante toda mi vida y no he dado tanto como creía, o he dado equivocadamente. La cuestión es que me siento agotada de sufrir, de luchar y de tener que estar constantemente defendiendo mi plaza. ¡No quiero luchar más!

Creo fervientemente que si pudiera decidir cuándo poner fin a mi existencia en este plano, sería cuando cumpliera con el propósito que vine a realizar en esta vida, pero es que, a día de hoy cuando empiezo a notar cómo mis fuerzas decaen, aún desconozco ese propósito. Y es entonces, cuando me embarga el apremio y el temor y pienso que si no voy a alcanzar la meta, ¿para que seguir corriendo?

Pero entonces recuerdo mi etapa de “trepa-montes” y me digo a mí misma que lo importante no es llegar a la cima, aunque las vistas sean maravillosas, sino cada uno de los pasos que uno ha ido dando hasta llegar allí. Y es cierto. Supongo que este tramo de mi vida debe ser como uno de esos tramos endiablados en el Himalaya en los que te falta el aire, no sabes bien hacia donde vas porque lo impide la climatología y no sabes si vas a llegar vivo a la cima o te vas a quedar en el camino. Pero aún así, los alpinistas siguen adelante, porque saben muy bien que ese es su destino, esa es su vida y aman lo que hacen. Y si tuvieran que perecer en el intento, lo harían con gusto, habiendo cumplido su destino.

¡Pues eso es lo que anhelo! Quiero encontrar ese modo de vivir mi vida en la que me de exactamente igual si he de morir en el intento porque no puedes desear estar haciendo algo distinto de lo que haces. Porque quiero AMAR lo que hago. Y lo peor de todo es que sé lo que se siente al amar lo que haces, porque en algún momento de mi existencia lo he degustado, y también sé lo que no quiero. Pero, ¿cómo encontrar de nuevo las huellas del camino cuando la tormenta las borró por completo? Cuando ya solo queda su recuerdo? Nostalgia… Recuerdos… anhelo…

¿Donde está ese interruptor que cambia la sintonía? ¡Quiero hacerlo! ¡Quiero cambiarla! ¡Deseo volver a ver el vaso medio lleno en vez de medio vacío! ¡Quiero volver a poner una y otra vez la otra mejilla y aún así seguir creyendo en las personas y en su bondad! .Quiero recordarme y reescribirme al mismo tiempo y volver a prender esa luz en mi interior, que nunca debió dejar de brillar. Quiero volver a amarme a mí misma y a los demás, y creer en que mi vida tiene un sentido, aunque sólo sea para llenar de esperanza el corazón de los que me leen haciéndoles ver que es posible ese cambio.

Quiero querer y que me quieran tanto como me quiere mi gato y como le quiero yo a él, ¡con esa misma simplicidad y autenticidad! ¡No quiero tener que definirme más para ser aceptada! No quiero ser blanca ni negra, sino la luz que contiene todos los colores. No quiero ser independentista ni patriótica, sino ciudadana de un mundo sin fronteras en el que todos seamos iguales. ¡No quiero que me valoren por mis estudios sino por mi sabiduría! Pero sobretodo quiero que me acepten tal cual soy. Con mis torpezas, con mis virtudes. Con mi fortaleza y con mi debilidad y con mis contrastes…

Quiero poder hablar de mis preocupaciones tanto como las he escuchado, con la misma atención y genuina preocupación. Quiero que me abracen con amor y que me recuerden que soy importante en la vida de los demás. Deseo que me perdonen aquellos a los que hice daño porque aunque no lo crean así, siempre los amé pero no supe hacerlo mejor. Deseo que me perdonen aquellos que alguna vez tuvieron expectativas para conmigo que no pude cumplir, quizá en otra vida nos toque romper esa lanza.

Quiero seguir sintiéndote cerca, aunque estés muy lejos y en otros brazos. Porque mi deseo de cercanía no abarca el plano físico sino uno inmaterial. Hoy, amig@, déjame decirte que te necesito a mi lado. Necesito de tu paciencia, de tu calor y de tu empatía. He de saber que estás ahí para no sentirme tan sola en esta noche oscura. Hoy, tu recuerdo me acompaña y me conforta. Y me recuerda que siempre estarás ahí conmigo.

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Publicado por

Blanca Rios Martín

Desde siempre he sido una persona curiosa, inquieta y autodidacta. He estudiado ciencias de la salud diversas, vinculadas a la psicología y a la nutrición. Me fascinan la fotografía, la artesanía, las setas y la gastronomía. Me encanta leer y, sobre todo, escribir.

Un comentario en “Carta a un@ amig@”

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