02. El yugo de Kalhamos (2a parte)

Mientras, en la prisión de piedra, Balhok estaba a punto de ser sometido a un nuevo yugo.

La invocación a Kalhamos era uno de los hechizos más terribles de realizar para los miembros de la orden. Para los aprendices, era la máxima expresión de conocimiento que podían recibir. Y no todos ellos lo conseguían. El costo de su realización se cobraba un altísimo precio, como cualquier otro tipo de magia, pero Xysten sabía muy bien que el precio que él debería pagar para satisfacer a su ambicioso líder, era mucho más alto aún.

Echó un rápido vistazo sobre cada uno de los monjes que meditaban sobre el circulo de invocación que había grabado en la piedra. Un total de ocho monjes participaban en el ritual, cada uno de los cuales realizaba su propio conjuro. La fuerza conjunta de sus hechizos, conferiría a Xysten el poder suficiente para invocar a Kalhamos y someter así al prisionero. Todos estaban preparados. Xysten se ubicó en el centro del círculo, cerró los ojos y respiró profundamente. Empezó a elevar los brazos lentamente, con las palmas hacia arriba a medida que las voces del resto de los monjes pasaban de ser un mero susurro a hacerse paulatinamente más sonoras. Continúa leyendo 02. El yugo de Kalhamos (2a parte)

00. El manantial de la Fuente de Roca

Hoy voy a contaros una historia improvisada que, si las musas de la inspiración permanecen a mi lado se convertirá, espero, en una historia mucho más extensa. De corazón, espero que la disfrutéis.

Introducción: El manantial de Fuente de Roca

El pequeño merendero del bosque estaba desierto esa tarde. En la barbacoa de piedra, sólo quedaban cenizas hacía tiempo extinguidas. Un enorme trozo de leña había sido olvidado, o dejado conscientemente, junto a ella. Elisse, la joven pelirroja, que cada tarde realizaba ese trayecto de vuelta a casa, lo tomó y lo colocó sobre las cenizas, quizá a alguien pudiera serle útil. Esa tarde hacía frío. Un frío anormal para la época del año en la que se encontraban, cuando ya empezaban a despuntar las blancas flores de los almendros. Bajó con cuidado los escalones de la mohosa y humedecida piedra que conducían a la fuente. Del caño manaba un titubeante y atrompicado chorro de agua de la que emanaba vapor. Elisse sabía que no debía beber de esa agua, pero le reconfortó remojarse las heladas manos en la tibieza del líquido elemento. Continúa leyendo 00. El manantial de la Fuente de Roca