abismatica existencia

En busca del sentido de la existencia

A lo largo de la historia de la humanidad el hombre se ha hecho preguntas acerca del por qué y el para qué de su existencia, de los motivos de la experimentación, muchas veces dolorosa y terrible, de la existencia humana. Durante mucho tiempo, sobretodo a través de las religiones,  se ha justificado el sufrimiento como el pago que todos debemos realizar para poder acceder a planos más sublimes, aunque éstos siempre reflejaran aquello de lo que precisamente se nos estaba privando en esta vida.

Con el paso de  los siglos, con los sorprendentes descubrimientos de la ciencia y sobretodo, con la cada vez mayor necesidad del ser humano de alcanzar niveles más exigentes de comprensión, hemos empezado a vislumbrar, aún de forma esquiva pero con ciertos tintes de vehemente certeza, el propósito de la polarizada variedad de la experiencia existencial humana.

Cuando se habla tanto como se ha hablado en las últimas décadas de energía, de la composición de la materia como una realidad no física, de la energía sutil del pensamiento, del vacío de los átomos, uno empieza a comprender que no es tan descabellada la genial propuesta de los hermanos Wachowski de vivir en una especie de “Matrix”. Obviamente, no hace falta que tomemos literalmente la propuesta, pero sí que anima a pensar que en cierto modo y a cierto nivel, nuestro ego es una especie de avatar que “es encarnado” en un plano físico o dimensión densa, para hacer experimentar y nutrir de conocimientos al ser que probablemente, de otro modo, no podría experimentar la “densidad” de esta dimensión en su plano originario.

Si partimos de la base de todo lo expuesto hasta ahora, si mi “yo”  humano no es sino uno de los infinitos avatares de la conciencia universal, que en este plano se expresa a través de mi “ego”, modelado a través de las experiencias vividas así como también del libre albedrío de las elecciones tomadas a lo largo del camino, tanto personal como colectivo, de la especie humana, uno puede llegar a apreciar que esta vida tiene algo más que aquello que hemos sido enseñados a captar.

Me identifico, de entre las muchas posibilidades que se podrían plantear,  con la hipotética posibilidad de que  ese avatar (o espíritu incorpóreo) que nos gobierna sea una conciencia que, conduce el vehículo que es nuestro cuerpo, y que cuando nosotros sentimos nuestro cuerpo como “a nosotros”, en realidad estamos sufriendo una confusión generada con la identificación que el ego (que no es sino el resultado de un proceso fisiológico del vehículo), crea de la conciencia de sí mismo.

Pero os preguntaréis quién es ese ser que nos encarna, que nos guía en el proceso de la vida… ese ser obviamente una consciencia que está inmersa en un proceso de evolución como cualquier energía y consciencia en el universo. Y en ese proceso de evolución, a mi me gusta pensar que, como en el BIG BANG, existe una conciencia primigenia o DIOS, de la que parten y evolucionan todas las demás consciencias, y que cada una de esas consciencias, como las ondas concéntricas desarrolladas por una piedra al caer en el agua, se expanden en múltiples dimensiones, desde la más absoluta inefabilidad, hasta las dimensiones más densas.

Se realiza así una especie de salto cuántico a través del cuál, la mismísima Deidad podría encarnar simultáneamente todas esas graduales dimensiones que irían desde lo más etéreo y sublime a lo más grosero. Este fenómeno explicaría porqué se nos ha dicho siempre que “Dios está en todas partes”, forma parte de tí y de mi, y de cualquier tipo de conciencia… conocida y desconocida.

Soy de las que piensan que toda creación tiene conciencia, ya que la materia tal y como la conocemos, no existe realmente sino que es energia, y que para evolucionar no solo como especie sino también como consciencia, debemos aprender a captar la realidad en una forma más sublime. Si somos capaces de percibir la realidad cotidiana como energía y sabiendo que toda energía proviene de una conciencia primigenia -llámese Conciencia Universal, Dios, Energia primigenia…y que ésta obviamente forma parte de CUALQUIER materialización, incluso una roca, que desde nuestra limitada perspectiva humana  jamás habría sido tomada como ser consciente, está experimentando un proceso evolutivo.

Obviamente, existen diferentes niveles de consciencia y el de una roca no es equiparable con el de un ser evolucionado. Pensemos por un momento en el devenir de una roca, a través de sus miles de millones de años de transformación desde que formó parte de una gran montaña, hasta que se convirtió en una pizca de arena de una playa cualquiera. Su proceso quizá no difiera tanto al que una conciencia más refinada pueda experimentar en el devenir de su proceso consciencial y evolutivo.

Para concluir, me gustaría animaros a ver éste fragmento de  conferencia  de una de las personas que, para mi, mejor explica estos conceptos de los que hablo en el post, y que no es otro que Emilio Carrillo, excelente orador y divulgador de espiritualidad y conciencia que, tras largos años de búsqueda y tras vivir una experiencia cercana a la muerte, vislubró más allá de lo que nos está permitido recordar en éste plano, y regresó para animarnos a ver la vida de un modo más confiado, más equilibrado y también para ayudarnos a recordar quienes somos y qué hacemos aqui.

Compártelo con tus amigos
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Publicado por

Blanca Rios Martín

Desde siempre he sido una persona curiosa, inquieta y autodidacta. He estudiado ciencias de la salud diversas, vinculadas a la psicología y a la nutrición. Me fascinan la fotografía, la artesanía, las setas y la gastronomía. Me encanta leer y, sobre todo, escribir.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *