pluma y papel abismatica

El difícil reto de romper la vacuidad de una hoja en blanco

¿Alguna vez habéis tenido entre vuestras manos una de esas libretas artesanales tan bonitas, con esas hojas recicladas que son todo un desafío? ¿O alguna hoja de papel que ya teníais pensado a qué dedicaríais cuando… al abrir la primera página, bolígrafo en mano, os quedáis inmersos en la más absoluta de las inmovilidades?

¡Qué difícil resulta empezar a escribir sobre una hoja en blanco! Es aterrador el vacío que encierra su espacio carente de contenido. La escritura, nunca parece embellecer suficientemente, por muy pulcros que sean tus trazos, la embriagadora  pero atractiva belleza de la ausencia de contenido.

Como el silencio… la vacuidad es bella, perfecta en sí misma y, desgarrarla, evoca en mi ser una desmesurada exigencia de perfección aún sabiendo que, nada que pueda ser expresado superará su belleza.

Contemplo absorta la lisa superficie, impoluta, satinada y virginal y me estremezco al desvirtuar con mis inseguros trazos su verdad silenciosa, pues mi propia vacuidad me abruma.

Escribir es algo así como vaciar el tumulto interior que nos invade como entes pensantes pero, hollando en mi interior descubro, ante la prístina blancura del vacío, que escribir me aterra, pues me recuerda que aún disto mucho de estar en ese punto de quietud que todo ser anhela y que nos esquiva, como esquivos son los blancos folios -antaño llenos de vida- que inertes aún evocan en su esencia esa pizca de vida que albergaron.

Como una hoja, que originariamente encarnó la vida, como parte de uno o muchos árboles, ya por aquel entonces cumplía su silencioso cometido: el de existir, sin más. Y, sin más, sigue existiendo ahora, frente a mí, transmitiéndome en su silenciosa existencia el recuerdo de lo que fue, de lo que es y de lo que será: esa vacuidad presente en todo estado de ser que no teme ser lo que es, aún cuando haya dejado de ser lo que fue.

Por eso, me empequeñezco ante el blanco papel, ante su imponente presencia, porque frente a él siento como mi propio reflejo mengua, siento como todo mi pensar es pura verborrea que no debe mancillar la pureza alba del papel. Sólo en un estado vacuo, donde no existen pensamientos, donde nada realmente importa, donde sólo SE ES, puedo encontrar el valor suficiente como para hablarle con dignidad al vacío.

y así lo hago, en ocasiones…

 

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Publicado por

Blanca Rios Martín

Desde siempre he sido una persona curiosa, inquieta y autodidacta. He estudiado ciencias de la salud diversas, vinculadas a la psicología y a la nutrición. Me fascinan la fotografía, la artesanía, las setas y la gastronomía. Me encanta leer y, sobre todo, escribir.

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