abismatica polivalencia

Polivalencia versus especialización

Hoy voy a hablaros de un tema que me ha apasionado desde muy joven. Ya cuando era niña, pero de forma más notoria en mi tierna juventud, cuando pasé del estadio de estudiante adolescente al trance de “hacerte mayor” en la universidad. En esa época, tuve una de mis más flagrantes decepciones en cuanto al sistema educativo y formativo actual. Mi sed de conocimiento en una temática tan extensa y ámplia como la biología, se vió truncada con la entrada en vigor de un nuevo plan de estudios, conocido como el de los “créditos y los cuatrimestres” que nos pilló de conejillos de indias y que, en lo particular, me frustró hasta el punto que abandoné mis estudios universitarios justo al concluir el primer curso. Si, si, habéis leído bien: no cambié de carrera, no. No probé otra disciplina porque como era joven no sabía lo que quería hacer con mi vida, no. Dejé definitivamente los estudios universitarios porque comprobé consternada que, mis anhelos de conocimiento jamás se verían satisfechos con esa forma de enseñar. Y, aunque por fortuna, he encontrado otros métodos y vías alternativas para saciar mi constante -y variada- sed de conocimiento. dejé de interesarme por los grados universitarios, que era justo para lo que el método de enseñanza impuesto tenía validez: para conseguir una licenciatura, osea, un título, a base de talonario (quien dispusiera de él) o de mucho tiempo y trabajo, el que no lo tuviera, pero no para alcanzar el conocimiento.

De la misma manera, años más tarde, empecé a formarme en una vía, un camino, un budo, tal vez atraída por mi anhelo del maestro que forma a su aprendiz, entregándole en exclusividad su conocimiento como si de un elegido se tratara. Para los que no sepáis de que hablo, un budo es una disciplina marcial cuya filosofía és tanto o más importante que la disciplina marcial en sí misma. Existen muchos budos, pero en mi caso, elegí o más bien dicho, me eligió, el aikido.

El aikido, que significa en japonés “la vía de la unificación con el KI o energía universal” es un arte marcial no competitiva, basada en el aprovechamiento de la fuerza del oponente o atacante, en la que el aprendizaje de la misma depende de que un buen instructor o maestro sepa transmitir a sus alumnos la importancia de la no violencia, junto con una serie de técnicas -muy extensa yen ocasiones desalentadora para el adepto impaciente- que correctamente aplicadas generan en el practicante una serie de adaptaciones posturales, emocionales y mentales, que le conducen, no sin un constante entrenamiento y una gran dosis de disciplina y paciencia, a un estado de equilibrio que le ayuda a generar un estado de quietud y atención constante en todas las facetas de su vida. En esta ocasión tuve más suerte y aprendí mucho, pero tampoco fué definitivo…

Posteriormente he desarrollado muchas aptitudes gracias, de nuevo a mi constante sed de conocimiento, ya de forma algo más autosuficiente, pero una de las cuentas pendientes que tengo con respecto a este tema es la formación profesional.

He sido camarera, cocinera, dependienta, artesana, naturópata, masajista y sanadora (reiki), mujer de la limpieza, niñera, tengo aptitudes como divulgadora, veterinaria (y casi domadora) de animales, fotógrafa y creativa, me gustan y  me desenvuelvo bien en los deportes (en casi todos), pero me he desarrollado profesional y exclusivamente dentro de la rama de los servicios, eso sí desarrollando multitud de tareas, en diferentes lugares, con distintas dinámicas y formas de trabajar y me he sabido adaptar a diferentes niveles de requerimientos, lo cual me ha proporcionado una amplia perspectiva de cómo se pueden y deben hacer las cosas, pero sobretodo y lo más importante, cómo debemos empaparnos de todas ellas. Recientemente, me embarqué en una experiencia profesionalmente novedosa para mi, como lo es la cocina. Y digo profesionalmente, porque a nivel amateur y como hobbie, soy toda una especialista. Pero, claro, no es lo mismo cocinar para cuatro que para cuarenta. Ni el ambiente es igual de relajado.

Yo siempre digo que uno debe AMAR LO QUE HACE, sea lo que sea. Y si no puedes llegar a amarlo, entonces déjalo. Así descubrí que el mundo en el que vivimos, tan especializado, tan gourmet a la hora de elegir profesionales que hasta le ponemos nombres en inglés al que tampona los documentos, no sabe formar a polivalentes.

Pero es difícil amar lo que sea hace cuando a pesar de tu probada polivalencia y adaptabilidad, tratas de adentrarte en el aprendizaje de una nueva disciplina, sea como fué en mi caso en la cocina o más recientemente, como pescadera.

Acepté el reto sin aversión alguna, porque pocos desafíos que entrañen un nuevo aprendizaje, me suelen echan para atrás. Pero el sistema formativo, sigue siendo tremendamente inútil, ineficaz, desgastante y desmoralizante. El actual proceso formativo de las empresas ya no forma, sino que se ha transformado en un proceso selectivo, en el cual, se trata de empachar al alumno con extensísimas teorías vistas de soslayo, como si el hecho de enumerarlas fuera suficiente como para aprehenderlas. Seguimos con los quilos de normativas, éticas de empresa, y señas de imagen, que te indican que debes dejar de ser tú para ser un numero uniformado que debe cumplir tantas normas a rajatabla que debe olvidarse de sí mismo, de alimentarse, de dormir o de respirar, so pena de ser sancionado, o en el peor de los casos, expulsado. No siendo suficiente con ésto, te dan una mal llamada formación práctica en la que -que cosa más curiosa- siempre falta material, es una formación insufienciente y ineficaz a todas luces. Pero claro, todo eso ya te lo enseñaran in situ en el lugar de trabajo, porque ahí es donde, efectivamente, uno aprende de verdad. Pero claro, entonces se te envía a un lugar a quilómetros de distancia de tu casa, en el que para cumplir con tu horarios has de invertir en desplazamientos que nadie te costea, pagar con horas de tu precioso tiempo de vida (en mi caso hasta cuatro diarias) que nadie tiene en cuenta y que tampoco nadie valora y, te mandan a un lugar en el que, obviamente, falta personal para cubrir así vacantes con tu presencia. Pero lejos de enseñarte gran cosa, la persona que supuestamente está a cargo de tu formación, a duras penas te puede proporcionar cuatro indicaciones mientras tú tratas de apañarte como puedes, de forma estresante y poco educativa. Sí, en nuestra iberia éste es el pan de cada día y estamos acostumbrados -muy mal acostumbrados, por cierto- a funcionar así. Y así, nos volvemos profesionales de la picaresca, de saltarnos las normas sin que se note y, si se nota, pues le echamos la culpa al compañero de turno que pasaba por ahí o, mejor aún al que está en prácticas porque, como éste aún no se entera de que va la cosa, no se la ve venir…

Y así, cuando entras en una formación in situ, ves gente descontenta, estresada, mal pagada, explotada, que desconocen el buen hacer de su profesión porque nadie se la ha enseñado adecuadamente y, porque es más importante, aprender a sobrevivir y a trastear en un mar de injusticias, que a hacer bien tu trabajo y a AMAR LO QUE HACES.

Y en estos derroteros, poca polivalencia se puede adquirir. Poco conocimiento de calidad es compartido y pocos profesionales, y no será porque no hagan falta, serán formados en éste país de pandereta.

Y es una auténtica lástima porque un polivalente, como persona abierta y despierta al continuo aprendizaje y renovación, és y debería ser, el valor del futuro. Sin embargo, en el mundo en el que vivimos, donde nos piden y nos estamos dejando especializar tanto, tantísimo, algo tan obvio se ha trasformado, sin lugar a dudas, en la utopía del siglo XXI.

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Publicado por

Blanca Rios Martín

Desde siempre he sido una persona curiosa, inquieta y autodidacta. He estudiado ciencias de la salud diversas, vinculadas a la psicología y a la nutrición. Me fascinan la fotografía, la artesanía, las setas y la gastronomía. Me encanta leer y, sobre todo, escribir.

2 comentarios en “Polivalencia versus especialización”

  1. Tan triste como real. No queremos gente polivalente, ni gente capaz, porque como bien dices ese tipo de gente es gente curiosa de mente inquieta. Y esas personas son peligrosas. Preferimos crear robots que sepan hacer una sola cosa y que no tengan necesidad de pensar.
    El humanismo como sed de conocimientos variados es algo que paso a la historia con la creación de las nuevas sociedades industrializadas y que ha terminado de desaparecer con estas sociedades dominadas por las oligarquías que no quieren que pensemos.
    Así de triste y así de real, como la vida misma.

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