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Reflexiones sobre la amistad

La amistad es un concepto interesante. Muchos de nosotros afirmaremos sin pensarlo mucho tiempo la cantidad de amigos de los que disponemos. Otros responderán de un modo taciturno aquello de que pueden contarse con los dedos de una mano. Pero yo me pregunto, ¿qué es en realidad la amistad?

La amistad depende en gran modo de las expectativas de cada individuo. Habrá quien gozará de un buen puñado de amigos, por el simple hecho de quedar de vez en cuando para compartir una agradable charla junto con un buen refrigerio, otros constatarán que los amigos son personas vinculadas íntimamente a nuestras vidas, que conocen y comparten pormenores a los que no todos los conocidos tienen acceso. Algunos opinarán que un amigo es alguien que siempre está ahí cuando se le necesita (que no cuando se le llama), es ese alguien que de algún modo está presente en nuestras vidas tanto en los buenos como en los malos momentos y que, sin tener necesariamente que solucionarnos la papeleta, convierte su simple presencia y apoyo en algo de un valor incalculable… Hay, como vemos, muchos tipos de amistad. Todos ellos son perfectamente válidos.

A lo largo de mi vida, he tenido amigos de todo tipo. Compañeros de actividades, conocidos, personas muy allegadas con las que he podido compartir intimidades… pero todas ellas han gozado de vida en momentos muy concretos y situaciones muy puntuales. Tan solo unas pocas han sido capaces de sobrevivir en el tiempo y, aunque los ciclos naturales marcan ciertos altibajos, algo en uno mismo sabe con certeza que esas personas siempre estarán ahí.

Pero, ¿qué es lo que marca la diferencia entre unas y otras? ¿qué es lo que hace que nuestra conciencia se relaje y se sienta cómodamente reconfortada ante la simple existencia de alguien a quien probablemente no ves desde hace mucho? Creo que todo eso se puede explicar mediante algo que yo llamaría conexión. La conexión es algo así como la memoria virtual de un montón de recuerdos que reafirman la confianza depositada en un individuo. Hay un dicho que reza: “somos aquello que hemos hecho y seremos todo aquello que estamos haciendo”. Según este dicho, yo puedo tener un amigo en el presente, pero nunca podré asegurar que lo sea en un futuro próximo o lejano. No podemos considerar siempre a las personas según los recuerdos o las acciones pasadas. Así como tampoco podemos odiar eternamente a las personas que, supuestamente, hemos considerado como nuestros “enemigos”.

La vida cambia de manera constante. Todas las personas merecen una oportunidad y la posibilidad de ser consideradas no en base a los recuerdos, sino al momento presente, al fluir de la vida. Cada día tenemos la oportunidad de ser distintos a lo que fuimos, de corregir nuestras acciones del pasado y de reflexionar sobre lo que hemos hecho o dejado de hacer.

El concepto de la amistad es inmutable, pero la amistad en sí es algo vivo y cambiante, algo que puede estancarse o evolucionar dependiendo de nuestra propia conciencia. Es un regalo maravilloso y también puede ser la más terrible de las agonías. Sí, puede serlo, porque depende de nosotros. Cuando nos aferramos a ese pasado que ya no existe, estamos reclamando algo que no podemos recibir y sufrimos. Pero es nuestra responsabilidad, es nuestro propio reto.

Buenos amigos ha habido siempre y siempre los habrá. Pero es del todo imprescindible entender que la amistad, la verdadera amistad no la elegimos nosotros, simplemente se produce. No podemos ni debemos reclamar nada. No debería esperarse nada. Simplemente debemos disfrutarla. Podemos tener muchos amigos “en la sombra”. Personas que nunca vendrán a reclamar tu reconocimiento, porque lo que ofrecen, lo hacen de corazón, sea mucho o sea poco…

Bajo toda esta reflexión cabe plantearse seriamente si nosotros mismos hemos sido buenos amigos. En lo personal, creo que aún tengo mucho que aprender. Pero me reconforta saber que puedo empezar hoy mismo. Que puede haber un cambio, una ruptura con mis actitudes del pasado. Siempre creí que era buena amiga de mis amigos, pero… la reflexión es algo que nunca deberíamos perder, nos ayuda a rectificar y a convertirnos en mejores personas, sólo así podremos ofrecer de corazón aquello que sentimos.

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Publicado por

Blanca Rios Martín

Desde siempre he sido una persona curiosa, inquieta y autodidacta. He estudiado ciencias de la salud diversas, vinculadas a la psicología y a la nutrición. Me fascinan la fotografía, la artesanía, las setas y la gastronomía. Me encanta leer y, sobre todo, escribir.

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