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Soltando lastres

Cuando la rutina de nuestras vidas se hace tan insoportable que los días parecen sucederse sin aliciente alguno, como si pasaran en un parpadeo, algo ocurre en nuestro interior que nos alerta. Nos tornamos irascibles, desencantados con nuestra labor, ilusoriamente atados, prisioneros de un quehacer inamovible y contante que nos obliga a reflexionar sobre aquello en lo que estamos invirtiendo nuestro tiempo vital. Y si escuchamos atentamente a nuestras protestas internas, podemos llegar a vislumbrar que nuestro interior nos pide algo más que dedicar la totalidad de nuestro tiempo y energía a llegar a final de mes, o a esperar el fin de semana para tener un ansiado respiro…

Si escuchamos atentamente a nuestra voz interior, cada uno de nosotros tenemos una virtud innata que deberíamos llegar a desarrollar, y aunque no hayamos descubierto de qué se trata o, simplemente, nuestra razón nos conmine a mantener una cierta seguridad laboral o material para poder sobrevivir en esta sociedad que nos ha tocado vivir, puede a veces despertar en nosotros un anhelo de cambio, de vivir una vida auténtica, una vida que nos permita desarrollarnos como individuos, como los seres en proceso de aprendizaje que somos, con libertad para decidir qué camino seguir en cada momento de necesidad interior de aprendizaje.

Puede que muchos de nosotros estemos satisfechos con nuestra vida y eso es perfectamente aceptable. No hay que generar motivaciones  para el cambio, si el cambio no es genuina e interiormente demandado. Pero cuando esa necesidad de cambio existe, postergarla crea una desagradable disfunción en nuestro ser. Si analizamos que nos retiene a “dar el salto”, a asumir el cambio, a arriesgarnos a perder todo por seguir un deseo interno, encontraremos apegos a la familia, a cosas materiales, a la comodidad de tenerlo todo a mano… también encontraremos miedos, miedo a fracasar en el intento, miedo a no ser capaz de dar el anhelado salto, miedo al riesgo que supone dejar nuestro área de confort para enfrentarnos a nuevas posibilidades llenas de incertidumbres, de incógnitas de no saber si las decisiones (a veces drásticas) que podamos llegar a tomar nos conducirán realmente a donde deseamos llegar.

Pero aún en el peor de los casos, haber tenido el valor de dar ese salto nos llenará de una confianza enriquecedora, pues toda acción que se realiza con una voluntad inquebrantable no puede acabar mal de ningún modo. Quizá nos conduzca por caminos que no esperábamos recorrer, pero cada paso que se nos presente, será sin duda necesario en nuestro desarrollo como individuos.

El momento actual nos pide, nos exige un cambio de ese tipo, drástico pero liberador, que nos conduzca a vivir experiencias que nos pongan a prueba, que nos hagan crecer asumiendo desde el principio que probablemente nos equivocaremos infinidad de veces y reconociendo que sólo observando y rectificando nuestros errores conseguiremos aprender, saciar nuestra sed de conocimiento, y que en ese proceso, podremos llegar trabajar esa capacidad interior que tantos años llevamos esperando poder llegar a desarrollar: la liberación de la rutina.

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Publicado por

Blanca Rios Martín

Desde siempre he sido una persona curiosa, inquieta y autodidacta. He estudiado ciencias de la salud diversas, vinculadas a la psicología y a la nutrición. Me fascinan la fotografía, la artesanía, las setas y la gastronomía. Me encanta leer y, sobre todo, escribir.

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